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Tema del Mes

CONTRATACIÓN ELECTRÓNICA

Por Lic. Alejandro Mota Islas

La celebración de contratos es una de las actividades que más realizamos todos los días, desde comprar un café por la mañana, pasando por el uso de nuestro equipo de trabajo hasta el pago de la renta de nuestro hogar o la adquisición de un crédito con garantía hipotecaria para hacernos de una casa o departamento propios y un sinnúmero de actividades que entrañan un acuerdo de voluntades para conseguir un fin. El comercio está inmerso en nuestra vida.

La historia de los contratos comienza con los acuerdos de palabra sin mayores requisitos, donde el honor de cumplir la palabra empeñada era suficiente, pero como todo en el mundo jurídico fue evolucionando, de tal manera que se fueron agregando formalismos como hacer constar por escrito los acuerdos entre personas, hasta celebrarlos mediante el uso de fórmulas sagradas ante el sacerdote o autoridad civil, bajo penas severas por incumplir el contrato.

Fueron los Romanos los que sentaron las bases de la contratación moderna, tanto en materia civil como comercial, estableciendo reglas claras y subdivisiones bien definidas, que permitieron su estudio ordenado y desarrollo, facilitando así el uso del contrato como la expresión de voluntad por excelencia para hacer negocios, transmisiones de derechos y obligaciones y creación de situaciones jurídicas por la voluntad de los contratantes.

Los avances de la tecnología e informática han modificado necesariamente la forma en que realizamos la contratación en nuestros días, sobre todo en materia comercial, donde la agilidad y el volumen en las operaciones es tal, que la celebración de contratos exige sea a distancia y por eso los medios electrónicos son la manera más común de nuestro tiempo. Por tanto, es necesario que junto a la evolución técnica exista una evolución jurídica para la correcta regulación de esta nueva forma de contratación.

El Derecho en tanto ciencia y producto cultural tiene como una de sus misiones actualizarse ante los hechos sociales que tienen consecuencias jurídicas, como es el caso de los contratos por medios electrónicos que pueden ser desde el uso del teléfono, el correo electrónico, las plataformas digitales de comunicación a distancia como Whatsapp y Zoom, o bien estampando firmas electrónicas e inclusive hasta las redes sociales.

En ese sentido, las adaptaciones de las leyes en materia de contratación por vía electrónica inician con una serie de definiciones informático-jurídicas que expresen con toda claridad qué es un contrato de esta naturaleza, y para comprenderlo debemos entender primero el concepto tradicional del contrato, baste decir que se entiende como un acuerdo de voluntades entre dos o más personas que crean o transmiten derechos y obligaciones, que desde luego tienen consecuencias para la ley.

El acuerdo de voluntades debe entenderse como la expresión externa del querer interno para conseguir un fin cuyas consecuencias son sancionadas por la ley, esa voluntad debe ser coincidente con la de otra persona, física o moral, en la que ambos expresan sus acuerdos para dar lugar a nuevas obligaciones que antes no existían como en el préstamo de dinero a crédito con intereses, o la renta de un inmueble, donde se configuran obligaciones de entregar el dinero a la persona que después de un tiempo tendrá que devolverlo íntegro más el interés generado hasta el día del pago final, o en el arrendamiento la entrega del inmueble a cambio de un pago periódico por el uso y goce. En estos casos, es común que el medio de expresión de la voluntad sea a través de un documento firmado por los contratantes, haciendo la firma las veces de la expresión de la voluntad o consentimiento de celebrar el contrato, obligándose a su cumplimiento.

Cuando no es posible que los contratantes estén presentes en el mismo lugar y a la misma hora para firmar un documento, se recomienda la contratación electrónica, misma que no requiere de su presencia física, sin embargo, se requiere que exprese su voluntad de estar en unión de otro contratante para configurar el acto o negocio, de manera que la expresión del consentimiento se hace a distancia precisamente a través del uso de los medios electrónicos, en los que puede quedar plasmada esa voluntad. Esto puede hacerse de manera expresa o sobreentendida, lo que llamamos acuerdo tácito, la primera no deja lugar a dudas porque la voluntad se externa de forma indudable al expresarse en palabras (mensaje de voz, aceptación telefónica o en vivo en una reunión de Zoom), o por escrito, al intercambiar correos electrónicos o mensajes de texto, o al estampar firmas electrónicas de tal modo que hay una prueba plena de la expresión del consentimiento, aunque no se firme algún documento. En el segundo caso, el acuerdo tácito también tiene lugar en los contratos electrónicos, por ejemplo cuando se envía una propuesta a algún cliente y este realiza el pedido sin más trámite. También sucede mucho en los contratos que se celebran por algún tiempo o algunas entregas, de tal manera que sin importar si expiro el tiempo o las entregas, ambos contratantes siguen intercambiando los mismo bienes o servicios sin haber prorrogado expresamente el contrato, se sobreentiende que su voluntad es seguir llevando a cabo la relación comercial en los mismos términos.

Ahora bien, no cabe duda que la certeza plena en los contratos es muy necesaria, por eso ya se han creado formas para evitar conflictos en el momento de celebrar un contrato por vía electrónica, se puede hacer uso de documentos encriptados o protegidos de manera informática que garanticen su autenticidad, que no puedan modificarse sin dejar huella, que estén protegidos por caracteres alfanuméricos como los que se usan en las llamadas líneas de captura, o bien, mediante el uso de firmas electrónicas que permitan identificar al firmante de manera inequívoca, a través del uso de archivos electrónicos asociados a un documento específico o a un usuario en particular, como las que usan las autoridades tributarias y últimamente las jurisdiccionales. Este tipo de firmas irá cobrando mayor relevancia cuanto más dependemos del uso de la tecnología y de la automatización informática, de tal manera que en poco tiempo todos tendremos una firma electrónica como tenemos una firma autógrafa.

Hay que decir que la contratación electrónica supone problemas propios de los contratos y problemas propios de los medios electrónicos, lo que no significa que tenga mayores desventajas, es simplemente que como toda creación humana es perfectible y requiere tiempo y práctica para su mejor utilización. Ya hemos tocado el punto del consentimiento que en materia de contratos electrónicos tienes sus particularidades al tratarse de actos entre personas que no necesariamente están el mismo lugar a la misma hora para firmar un documento. De ahí que en ocasiones el primer problema en un juicio es acreditar la existencia del contrato, ya que puede suceder que una de las partes niegue la relación comercial o contractual y señale que los correos electrónicos fueron alterados o que quien hizo el acuerdo fue un tercero que usó la computadora o medio electrónico sin su consentimiento y existen jueces que por desconocimiento y falta de experiencia en el manejo de esta clase de contratos ponen en duda las impresiones del contrato o de las comunicaciones electrónicas que se acompañan como pruebas. En estos casos, hay que hacerse acompañar del experto en materia informática, pues la tecnología deja huella, hay maneras de probar la autenticidad de un documento electrónico, o del momento de una modificación o cambio no autorizado por las dos partes, de tal manera que la prueba pericial en materia informática es un elemento para considerar siempre en esta clase conflictos.

La pregunta que surge de manera natural sería si las leyes actuales protegen y regulan esta clase de contratos. La respuesta es que en principio sí, pues no dejan de ser contratos y se les aplican las mismas normas generales que corresponden a cada uno de los elementos de estudio en el derecho de contratos, tanto en la materia civil como en la materia comercial léase un arrendamiento de un automóvil en una página de internet o una compra venta y transporte de mercaderías internacionales.

De tal manera que a esta clase de contratos se les aplican las normas de los códigos civiles de cada entidad, de procedimientos civiles locales, o en su caso el código de comercio (que tiene un apartado específico de comercio electrónico), código civil federal y el código federal de procedimientos civiles, según los casos concretos; pero también se les aplican normas propias que se han ido creando en particular como la Ley Federal de Protección al Consumidor, que contiene una serie de normas aplicables a las ventas por medios electrónicos, plataformas digitales e Internet; la Ley de Firma Electrónica Avanzada, que regula los aspectos de autenticidad, consentimiento y momento de ejecución de la voluntad en los contratos electrónicos. Además, existe una larga lista de tesis de jurisprudencia que la Suprema Corte de Justicia ha ido emitiendo respecto a temas de comercio electrónico, que están influyendo mucho como principios rectores para la creación de normas legislativas que regulen la materia en un futuro cercano.

Hay mucho que aprender y profundizar en la contratación electrónica, tanto para los profesionales y operadores jurídicos, como para los particulares que al final son quienes ponen en práctica este sistema de contratación electrónica, pues se trata de una actividad ya muy extendida pero que va cobrando mayor auge entre la población en general. Hay que revisar aspectos como la participación de los fedatarios públicos, que cada vez más se van especializando, sobre todo los corredores públicos en su calidad de auxiliares del comercio, peo también los notarios que procuran dar la mayor certeza a los actos que ante ellos se realizan y tienen un papel determinante en la configuración de este tipo contratos hacia el futuro, pues hoy en día ya contratamos líneas de crédito desde el celular o desde la aplicación de nuestro banco y eso es un contrato de mutuo (préstamo) según el código civil, así que muy pronto compraremos nuestra casa o departamento por vía electrónica, y recibiremos el mutuo con garantía hipotecaria que firmaremos en una escritura también electrónica, bajo la fe de un notario. El futuro nos ha alcanzado y debemos tener la cultura jurídica y también la cultura informática necesarias para enfrentar el mundo en el que ya vivimos.



 

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