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COMENTARIO A LA EJECUTORIA DEL AMPARO DIRECTO EN REVISIÓN 4883/2017

COMENTARIO A LA EJECUTORIA DEL AMPARO DIRECTO EN REVISIÓN 4883/2017

Las premisas para que opere la pensión compensatoria o resarcitoria en el divorcio y son:

 

1.- Haber contraído matrimonio bajo el régimen de separación de bienes.

 

2.- Que el/la cónyuge se haya dedicado al desempeño del trabajo del hogar y al trabajo del hogar.

 

3.- Que los bienes que adquirió fueran notoriamente inferiores a los de su ex cónyuge.

 

4.- Y entonces da lugar al derecho desde el 0.01% hasta el 50% del valor comercial de los bienes inmuebles del ex cónyuge

 

En esta ocasión veremos cómo opera el principio de equidad contenido en la institución de compensación respecto de aquellos cónyuges que, además de los cuidados del hogar y los hijos, realizaron una actividad remunerada (doble jornada), es decir, se desenvolvió en el ámbito laboral.

 

Se llama doble jornada porque además de asumir las cargas familiares, adicionalmente se tiene un empleo remunerado y esta circunstancia no puede constituir un obstáculo para acceder al mecanismo compensatorio.

 

  1. Finalidad del mecanismo compensatorio y su relación con el reconocimiento de la doble jornada laboral

 

La Suprema Corte de Justicia de la Nación en el amparo directo en revisión 1996/2013, afirmó que la finalidad de la compensación es que “aquella persona que durante el tiempo que duró el matrimonio reportó costos de oportunidad que generaron un efecto desequilibrador en su patrimonio, tenga derecho a exigir un resarcimiento”, de tal manera que la finalidad jurídica del mecanismo compensatorio, “es precisamente corregir la situación derivada de que durante el matrimonio uno de los cónyuges haya asumido las cargas domésticas y familiares en mayor medida que el otro, absorbiendo individualmente el costo de oportunidad”.

 

Continuando con esta línea jurisprudencial, en el amparo directo en revisión 4909/2014, la Primera Sala puntualizó que este mecanismo “reivindica el valor del trabajo doméstico y de cuidado, largamente invisibilizado en nuestra sociedad”, asegurando la igualdad de derechos y de responsabilidades de ambos cónyuges en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del mismo, como lo establece tanto el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos como la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

 

Así tenemos que su naturaleza es reparadora, no sancionadora; es susceptible de ser solicitada y acordada a favor de cualquiera de los cónyuges que hubiesen reportado un desequilibrio económico por haberse dedicado a las labores domésticas y de cuidado; sólo opera respecto de los bienes adquiridos durante el tiempo de subsistencia del matrimonio.

 

De tal manera que al ser de naturaleza reparadora y no sancionadora, la carga de la prueba le corresponde a la parte solicitante y ante la duda, el juez debe asumir un rol activo en el proceso y utilizar una serie de atribuciones que lo facultan a actuar de forma  más versátil que el estricto principio dispositivo, como medidas para mejor proveer que pueden complementar la actividad probatoria de las partes a fin de esclarecer la verdad de algún hecho controvertido.

 

Cuando se habla de absorber un costo de oportunidad, lleva implícito un detrimento de sus posibilidades de desarrollarse con igual tiempo, intensidad y diligencia en una actividad en el mercado laboral convencional y como consecuencia; que no haya adquirido bienes, o bien que los haya adquirido pero sean notoriamente menos bienes que el otro cónyuge que sí pudo desempeñarse en una actividad remuneratoria.

 

Ahora bien hay distintas Modalidades del trabajo del hogar, y pueden consistir en: (i) ejecución material de las tareas del hogar; (ii) ejecución material de tareas fuera del hogar, pero vinculadas a la organización de la casa y la obtención de bienes y servicios para la familia; (iii) realización de funciones de dirección y gestión de la economía del hogar, y (iv) cuidado, crianza y educación de los hijos;

 

Cuando se habla del periodo de tiempo empleado, se puede clasificar en: (i) dedicación plena y exclusiva al trabajo del hogar de parte de uno de los cónyuges; (ii) dedicación mayoritaria al trabajo del hogar de uno de los cónyuges compatibilizada con una actividad secundaria fuera de éste; (iii) dedicación minoritaria al trabajo del hogar de uno de los cónyuges compatibilizada con una actividad principal, pero mayoritaria y más relevante que la contribución del otro cónyuge; y (iv) ambos cónyuges comparten el trabajo del hogar y contribuyen a la realización de las tareas domésticas.

 

Es decir, la Primera Sala al analizar la fracción VI del artículo 267 del Código de Procedimientos Civiles para la Ciudad de México vigente hasta junio de 2011, determinó que para evaluar el supuesto de acceso a la compensación, no es determinante que el cónyuge solicitante se dedicara exclusivamente a las labores domésticas, pues existen una multiplicidad de actividades que son el parámetro para graduar la ejecución material y el tiempo dedicado a las labores familiares.

 

En esa misma línea, la Primera Sala al resolver el amparo directo en revisión 1754/2015 sostuvo que la llamada “doble jornada” consiste en precisamente, el reconocimiento de que algunas mujeres además de tener un empleo o profesión, también realizan actividades laborales dentro del hogar, y de cuidado de los hijos. Normalmente, este trabajo doméstico no es remunerado y representa un costo de oportunidad para las mujeres.

 

En efecto, en el citado precedente se afirmó que el tiempo en el hogar por parte de las mujeres es mucho mayor respecto al tiempo dedicado por los hombres.  Así, se adujó que el Consenso de Brasilia reafirmó que el trabajo doméstico no remunerado constituye una carga desproporcionada para las mujeres y en la práctica es un subsidio invisible al sistema económico, que perpetúa su subordinación y explotación.

 

En esa línea, se expuso que “las mujeres soportan una sobrecarga de trabajo y demandas exigentes sobre su tiempo en la medida que continúa su rol tradicional, a lo que se suma el papel que desempeñan en la vida laboral. Sobrecarga que limita el tiempo disponible de las mujeres para el desarrollo de actividades que generen ingresos y afecta negativamente su empleabilidad y el acceso a empleos de calidad. Por lo tanto, el desarrollo de las mujeres es obstaculizado por una distribución inequitativa del trabajo del hogar y una inserción desigual al mercado laboral.”

 

Es por eso que, es evidente que la doble jornada que realizan las mujeres no puede constituir un obstáculo al momento de solicitar la compensación de su masa patrimonial. En efecto, el hecho de que en alguna medida hayan tenido un empleo o adquirido bienes propios, no subsana el costo de oportunidad que estas mujeres asumieron al dedicar gran parte de su tiempo al cuidado de sus hijos y del hogar.

 

Es válido entonces asumir que si las mujeres dedicaron más tiempo que sus parejas al trabajo doméstico y no recibieron remuneración alguna por el mismo, que no pudieron desarrollarse profesionalmente en igualdad de condiciones que sus ex cónyuges, y por ende, que no pudieron adquirir la misma cantidad de bienes. No reconocer esta situación y costos en la mujer, implicaría justamente invisibilizar el valor del trabajo doméstico, sin considerar el esfuerzo por el tiempo dedicado al trabajo no remunerado (labores del hogar).

 

Como se ha indicado, el mecanismo de compensación tiene como finalidad resarcir el costo de oportunidad que asumió el cónyuge que destinó parte de su tiempo al cuidado del hogar. Lo anterior, en tanto no estuvo en igualdad de condiciones que su pareja para desarrollarse profesionalmente. Situación que presumiblemente impactó en un patrimonio.

 

Bajo tal comprensión, el artículo antes citado resulta constitucional si se interpreta que la porción normativa “se haya dedicado al desempeño del trabajo del hogar y, en su caso, al cuidado de los hijosno implica exigir al cónyuge solicitante que acredite que se dedicó “exclusivamente” a las labores domésticas, pues ello desvirtuaría, por una parte, la naturaleza del mecanismo de compensación y, por otra, el reconocimiento de la doble jornada laboral.

 

De esta manera, puede accederse al mecanismo compensatorio cuando el cónyuge solicitante acredite que se dedicó al trabajo del hogar y, en su caso, al cuidado de los hijos. Lo anterior aun cuando haya dedicado alguna proporción de su tiempo al trabajo remunerado fuera de casa. En efecto, el solicitante sólo tiene que probar que durante algún tiempo se dedicó a las tareas domésticas y que esto le generó algún costo de oportunidad (que ello le generó la imposibilidad de adquirir un patrimonio propio o bien que este es notoriamente inferior al de su cónyuge), con independencia de que haya realizado otro tipo de labores fuera del hogar.

 

Ahora bien, para evaluar que la realización de las tareas del hogar fueron la causa que originó la nula o inferior adquisición de un patrimonio propio respecto del otro cónyuge, el juzgador debe evaluar tanto la modalidad del trabajo del hogar —ejecución material de las tareas o a través de diversas funciones de  dirección y gestión— como el periodo de tiempo empleado para estas tareas —dedicación exclusiva, doble jornada o ambos cónyuges comparten el trabajo doméstico en la misma intensidad—.

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